Columna de opinión

Fecha de publicación: 14 de marzo de 2021

Dios no está muerto,

pero la Iglesia sí

| Matías Zamora
  Periodista

"Creo en Dios, pero no en la Iglesia” ¿Has oído esa frase? ¿Te representan esas palabras? Quiero aclarar que la siguiente columna no corresponde a una crítica hacia el universo eclesiástico – ya sea católico, evangélico, protestante u otra denominación -, sino que más bien es una aclaración de responsabilidad compartida entre el mundo creyente y aquellos que saben que existe Dios, ya sea que crean o no en él.

 

“La religión”, como popularmente se le dice, es un tema que rompe cualquier frontera. Sin embargo, en esta ocasión sólo hablaré del caso chileno y específicamente de la teología cristocéntrica. El índice de confianza en la Iglesia (principalmente católica) fue de un 31% en 2020, institución que en 1996 tenia un 77% de popularidad. La pregunta en este punto es: ¿Qué pasó? ¿Por qué ha disminuido la confianza en la Iglesia cristiana?

 

Sin lugar a duda, es un efecto de causa y consecuencia, por los actos individuales que condenaron a una generalización negativa hacia la Iglesia. Javier Soto (evangélico) ha expuesto en múltiples ocasiones una postura intolerante bajo el nombre de Dios, Eduardo Durán (evangélico) generó polémicas con relación al área financiera dentro de la Iglesia, y Fernando Karadima (católico) cometió diversos abusos sexuales. No quiero abusar de los ejemplos, pero estos nombres cubren la diversidad de errores y denominaciones que han manchado, injustamente, la imagen de la Iglesia. 

 

Una serie de pecados humanos no determinan el verdadero significado de lo que es Dios. Ese pequeño grupo de personas no puede representar a toda una comunidad que sí busca un camino recto conforme a lo que dice la Biblia. Pero ¿Por qué, a pesar de lo anterior, sigo sosteniendo que “la Iglesia esta muerta”? Por la sencilla razón de que los miembros de la comunidad creyente (Iglesia) no han sido capaces de manifestarse en defensa de la fe.

La Iglesia tiene la responsabilidad en su conjunto (es decir, cada persona que forma parte de la comunidad) de dar testimonio de lo que es Dios. Hoy no veo manifestaciones en Plaza Italia, Dignidad o Baquedano, donde los creyentes entreguen un mensaje de esperanza, amor y unidad. No veo que se haga alguna actividad mediática fuera del templo que permita cambiar el mal concepto que muchos tienen. Y si lo han hecho, los números reflejan que no ha funcionado. La Iglesia está muerta en su actitud. 

 

Pero, tal y como lo mencione anteriormente, es una responsabilidad compartida. Lo que mantiene sepultada a la Iglesia o más bien su imagen, es el prejuicio y la falta de conocimiento de la sociedad sobre lo que realmente es Dios y cuáles son sus principios. Se cree que es discriminador, condenador y abusivo cuando es todo lo contrario. Se le critica a los cristianos de homofóbicos, machistas y poco empáticos (entre otras cosas), cuando lo que Jesús les manda es algo totalmente opuesto.

 

El cristianismo promueve el amor (1º Corintios 13), la tolerancia (Colosenses 3:13), el respeto y la humildad (Filipenses 2:3-4), la honestidad (Proverbios 6:16-19), el perdón (Colosenses 3:13), la ayuda al prójimo (Lucas 10: 25-37), la igualdad del hombre y la mujer frente a Dios (Génesis 1:27 / Gálatas 3:27-29), entre muchos otros valores y aspectos que hoy en día se defienden dentro de la sociedad.

 

Entonces, ¿A qué lleva todo esto? Creo que las personas que no se consideran cristianos, deben darle la oportunidad a Dios de revertir la mala imagen que han dejado los hombres sobre él. Sería lindo ver que la Iglesia y sus miembros fueran más valientes y no permitan que un grupo de individuos con mal comportamiento determinen su significado. Creo que con eso, se puede recuperar la confianza perdida en esta “institución”.