Columna de opinión

Fecha de publicación: 31 de enero de 2021

La ley

del Talión

| Gabriel Valenzuela
  Periodista

El episodio vivido en las dependencias de un supermercado Tottus de la comuna de Colina, en el que un adolescente de 16 años apuñaló a dos guardias del centro comercial por intentar detenerlo debido a un hurto flagrante, no hace más que evidenciar la violencia descarnada a la que nos enfrentamos día a día en nuestra sociedad.

Algo que no se refleja solamente en sucesos como este. En nuestra sociedad tenemos arraigado un “gen de la maldad” que incita, cada vez que podemos, a expulsar todos nuestros deseos de violencia más fuertes que tenemos dentro.

Porque finalmente, no sólo se trata sólo de algo físico, sino que también de algo relacionado con el pensamiento y las ideas a la que cada día nos enfrentamos. Mucho menos a algo que se quede meramente en lo delincuencial, ya que los dardos, la mayoría de las veces, apuntan a lo más trascendental de la contingencia nacional.

Los comentarios que se ven en sitios como Radio Villa Francia del calibre de “hay que disolver la institución de Carabineros, ojalá en ácido”, o los epítetos que han dicho más de alguna vez personas como Teresa Marinovic o Roberto Belmar, son el fiel reflejo de la Ley del Talión que promulga el “ojo por ojo, diente por diente”, y no hace más que reflejar una violencia verbal descarnada por parte de estos y otros integrantes de nuestra sociedad.

Pero, ¿Es realmente una solución acabar la vida de los funcionarios que hay en Carabineros de Chile por ejemplo? ¿Se acabará la delincuencia en nuestro país por asesinarlos? Yo creo que no.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, promulgada en el año 1945, específica claramente que se “prohíbe la privación de la vida; la tortura, las penas o los tratos crueles o degradantes; la detención o prisión arbitraria y las injerencias arbitrarias en la vida privada”.

Pero claro, estas mismas personas que desean la muerte a todo lo que este en contra de sus principios – como ocurre también con el pueblo mapuche, con los “fachos” o “comunistas” – desestiman y menosprecian los Derechos Humanos. Algo bastante contradictorio cuando les toca a ellos mismos enfrentarse a una injusticia en sus vidas y, sin darse cuenta, piden auxilio con la Declaración Universal de los Derechos Humanos en sus manos.

En la misma biblia, en Éxodo 20:13, dice “no matarás”, frase que se presenta como uno de los 10 mandamientos que son parte de las leyes de Dios. Por lo que, la violencia verbal, psicológica y física está totalmente descartada por estas instituciones.

Entonces, ¿Por qué no mejor dejamos atrás la Ley del Talión y comenzamos a buscar soluciones que realmente sean efectivas para combatir la delincuencia en Chile?

Pero tampoco se trata de darle la libertad a este adolescente de 16 años o a cualquier delincuente que pise el país o no darle una sentencia a los Carabineros que infringen la ley, sino que más bien, otorgarle un castigo acorde a la ley a toda esta gente y, en el caso de los delincuentes, reinsertarlos a la sociedad.

Porque hay que dejar atrás la Ley del Talión y comenzar a concentrar todos los esfuerzos para crear oportunidades en las vidas de estas personas, además de, obviamente, juzgarlas por los delitos que cometieron.

Por lo que dejemos de lado nuestros deseos de violencia más fuertes que tenemos dentro, y hagamos el esfuerzo de preocuparnos para poder revertir que se generen más delincuentes en Chile o Carabineros que no cumplan las normas en el país, creando oportunidades para los primeros y concientizando a los segundos.

Aunque a veces el sistema judicial del país no acompañe a esta causa, lo que sería bueno discutirlo en otra columna de opinión mucho más extensa.