Columna de opinión

Fecha de publicación: 17 de abril de 2021

Se puede perdonar

| Matías Zamora
  Periodista

Perdonar es difícil, más aún cuando se quiere hacer justicia. En la actualidad, nuestra sociedad convive con permanentes conflictos que generan consecuencias desgarradoras en nuestras vidas, y por las que exigimos que la autoridad tome las medidas compensatorias para poder sentirnos conformes con eso. Sin embargo, el primer paso hacia la justicia es perdonar.

 

Perdonar es un proceso (personal y sin tiempo definido), es duro, genera incomodidad, nos confronta a renunciar a nosotros mismos, es algo que escapa de nuestros deseos, y que se ha perdido en nuestra idiosincrasia. Pero claro, ¿Cómo puedo perdonar al violador de mi hijo o al asesino de mi pariente? La vida nos pone situaciones difíciles, no ideales, pero que nos dan la oportunidad de decidir cómo enfrentarlas. 

 

Una cosa no quita a la otra. No porque yo perdoné no voy a exigir justicia. Sin embargo, al perdonar se puede perseguir la justicia de una forma racional y objetiva. De lo contrario, funciona la ley del Talión (ojo por ojo y diente por diente). La demanda de justicia acompañada de la rabia por la falta de perdón produce no solo daño interno sino que de una u otra manera puede afectar a terceros.

La justicia también es personal. El perdón permite ser imparciales con nosotros mismos y producir una sanidad interior para enfrentar lo externo de manera correcta. En este sentido, te da paz, prudencia, razón y perspectiva. Si perdonas, eres capaz de dialogar sin atacar, puedes exigir sin pasar a llevar la integridad del otro, y eres capaz de convivir sin sentir ira o rabia para no caer en actos irracionales.

 

¿Se puede? Qué mejor forma de explicarlo que con hechos. Consuelo Sánchez fue capaz de perdonar a Fernando Karadima, quien abusó sexualmente de su hijo, James Hamilton (quien también perdonó al sacerdote católico). Ignacia Moreno fue capaz de perdonar al “Comandante Ramiro”, asesino de su tío, Jaime Guzmán. 

 

Esta columna es más bien un discurso de ánimo para aquellos que les es difícil o no se atreven a tomar la decisión de perdonar. Es algo muy duro y que muchas veces no queremos, pero el resultado vale la pena. No es lo mismo que se haga justicia y mantener la rabia hacia aquel que afectó tu vida, a que se haga justicia y ser libre de cualquier amargura gracias al perdón.